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Adiós a setenta y dos años de silencio, a setenta y dos años de prejuicios, de engaños y de represión. Y el rey, colérico al ver defraudada una última esperanza, más viva cuanto más quimérica, juró enojadísimo que ahorcaría de altísimo al farsante del viejo, y ordenó que subiera el verdugo, pro



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